El Dr. Doolittle era capaz de hablar el lenguaje de los animales, y mucho antes que él, San Antonio y San Francisco ya “hablaban con los pajarillos”.
Hoy día, esta fantasía puede hacerse realidad gracias a la aplicación de técnicas de IA a la traducción de idiomas. De hecho, ya en 2017 el informe de tendencias futuras “Then Next Big Thing” publicado por Amazon predecía la llegada de “traductores de mascotas” en los próximos 10 años.
La carrera de la traducción automática a otros idiomas
Si hace unos años las empresas competían por lanzar el wearable perfecto; hoy Microsoft, IBM, y Google pugnan por crear el traductor perfecto, cómo no, basándose en IA. No se puede negar que el más popular es el intérprete de Google, con más de 500 millones de traducciones diarias a más de 100 idiomas distintos (datos de 2017).
Pero, ¿cómo funciona?
Los investigadores de Google, se dieron cuenta rápidamente de que no tenía sentido intentar enseñar al sistema el vocabulario y las reglas gramaticales de todos los idiomas, debido al gran número de excepciones que tiene cada uno de ellos y, las lenguas son algo “vivo”, a su evolución. Por este motvio, en lugar de plantearse el reto desde un punto de vista lingüístico, decidieron tirar de estadística. El proceso de “traducción automática estadística” (SMT) consiste en buscar similitudes entre un gran corpus de traducciones realizadas por profesionales de carne y hueso.
Este sistema usa ejemplos de textos iguales en lenguas distintas (lo que se conoce como corpus) y estima parámetros de sendos modelos estadísticos que establecen la probabilidad con la que ciertas palabras son susceptibles de traducirse por otras, así como las posiciones más probables que tienden a ocupar las palabras de la lengua destino en función de las palabras correspondientes de la frase origen. Se podría resumir en algo así como:
“Esta frase en inglés parece que se traduce en esta otra frase al español, pero solo si está cerca de esta otra palabra” (Peter Novig, Google)
Con este sistema es fácil entender que haya errores de traducción, ya que la única forma de aumentar la calidad de la interpretación es alimentar la base de datos con un mayor número de traducciones profesionales adecuadas. También es por este motivo por el que “Google Translator” no traduce directamente entre distintas lenguas, sino que traduce primero todo al inglés, y después a la lengua que el usuario desee. No solo resulta más efectivo en cuanto al uso de recursos, sino que también es mucho más fácil encontrar documentos traducidos del igbo nigeriano y del criollo haitiano al inglés, que traducciones directas entre estos dos idiomas.
La traducción estadística fue el paradigma de traducción automática más estudiado desde 2006. A finales de 2016, Google Translator cambió de estrategia y pasó a utilizar un sistema basado en redes neuronales profundas, que permiten reconocer patrones y estructuras en las oraciones. Al dejar de traducir palabra por palabra y poder tener en cuenta el contexto, la calidad de las traducciones mejoró considerablemente. Además, el sistema aprende con el tiempo, con lo que cada día sus traducciones son mejores y más naturales. Otra de las ventajas de esta tecnología es que ya no es necesario estar conectado a internet: funciona en la aplicación móvil de la plataforma.
Sin embargo, dado que para entrenar el modelo son necesarias grandes cantidades de textos en un idioma y sus traducciones a otros idiomas, aquellos idiomas para los que el corpus disponible es limitado (por ejemplo, somalí, hawaiano, maorí) fueron protagonistas de una curiosa polémica.
(Fuente: Blogthinkbig.com)



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