Más calidad, Menos cantidad


Bajar de peso se ha convertido en la gran obsesión del ciudadano moderno. Cientos de técnicas, recetas, pastillas y tratamientos orientadas a hacer algo que el cuerpo debería poder hacer de manera natural: autoregularse.

Toda vez que se comprendieron algunos aspectos clave de cómo estamos comiendo hoy en día, asunto que dista mucho de la realidad de hace unos 15 o 20 años atrás, es factible iniciar un proceso de transformación que pasa por reconciliarnos con el acto de comer.

Desde cada vez más pequeños, niños y niñas manifiestan un especial interés por las calorías y sin incluso saber qué son realmente, se hacen expertos en "contarlas" cada vez que van a comer. Para muchos especialistas, esta sigue siendo la técnica por excelencia para hacer que su paciente aprenda a comer y sin embargo, sigue generando mucha angustia y emociones nada placenteras.

Soy de las que piensa que si algo no te hace feliz, si no te genera paz, entonces es mejor buscar una alternativa diferente... y eso es lo que intencionalmente ha hecho y publicado el equipo de Christopher D. Gardner, director de estudios nutricionales del Centro de Investigación para la Prevención de Stanford el pasado mes de Febrero en la revista JAMA (una de las más respetadas en el medio).

Su estudio con una población de 600 participantes reveló que quienes reducen su consumo de azúcares añadidos, cereales refinados y alimentos demasiado procesados, a la vez que aumentaron su consumo de vegetales y alimentos no procesados, bajaron de peso a lo largo de todo un año, sin preocuparse por contar las calorías o limitar el tamaño de sus porciones.


Gardner también afirmó que quienes bajaron más su peso, reportaban que el estudio había "cambiado su relación con la comida". Por ejemplo, ya no comían sentados en su auto ni frente a la televisión, cocinaban más en casa y se sentaban a cenar con su familia... Un cambio significativo en el nivel de consciencia de los participantes, que desde mi experiencia hizo una gran diferencia en los resultados.

"En ambos grupos pusimos énfasis en que queríamos que consumieran alimentos de alta calidad", explicó Gardner.

Las instrucciones fueron cuidadosamente compartidas por especialista de la nutrición: "Les dijimos que queríamos que redujeran su consumo de azúcar añadida y de cereales refinados y que comieran más vegetales y alimentos no procesados. Asimismo, se les pidió ser más conscientes al momento de comprar: Les dijimos: ‘No compres un pastelillo reducido en grasa solo porque dice que es reducido en grasa. Y no compres las papas fritas reducidas en carbohidratos... porque siguen siendo papas fritas, y eso es engañar al sistema".

Este estudio es particularmente diferente a los ensayos previos de reducción de peso, pues no se restringieron en exceso los carbohidratos, las grasas y no se establecieron los límites calóricos. En cambio, puso énfasis en el consumo de alimentos integrales, con cantidades que fueran suficientes para evitar la sensación de hambre.

Los resultados obtenidos afirman que la calidad de la alimentación y no la cantidad, es lo que contribuye a que la gente baje de peso y a que lo mantenga estable con mayor facilidad a largo plazo. Estos hallazgos, marcan un hito clave para las estrategias de países enteros que hoy tienen que luchar contra la malnutrición (por exceso y defecto) en cientos de países, sin distingo. Se trata de orientar las velas a lo más simple, sin complicar al consumidor, que es quien sufre las consecuencias de una alimentación desmesurada.

(Fuente: Estampas)


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