La dopamina es uno de los neurotransmisores más conocidos de nuestro sistema nervioso. Activa el placer y los circuitos de recompensa del cerebro, además de la sensación de calma y relajación entre otros sofisticados procesos. Este compuesto químico fascinante es además uno de los más importantes a la hora de regular nuestra conducta.
Antes de nada, debemos saber que los neurotransmisores son biomoléculas que se liberan en la sinapsis de las neuronas con la misión de transmitir o alterar la transmisión de la información. En el caso de la dopamina, las neuronas dopaminérgicas son las encargadas de liberar y producir este neurotransmisor.
La dopamina es sintetizada a través del aminoácido tirosina y se acumula en las vesículas sinápticas de los terminales axónicos de las neuronas dopaminérgicas. Estas neuronas se encuentran principalmente en una parte de nuestro cerebro denominada sustancia negra. Es a partir de ahí donde dichas neuronas se extienden por diferentes vías, cada una de ellas con una función distinta.
La dopamina nos hace humanos
Efectivamente, no nos equivocamos si decimos que la dopamina nos hace humanos. De hecho, todos nosotros no solo necesita un nivel adecuado de este neurotransmisor, sino que es necesario que se reparta de forma adecuada en nuestro cerebro para llevar a cabo un sinfín de funciones.
La dopamina, por ejemplo, nos motiva para ser competitivos, para defendernos de un peligro o para alcanzar una meta personal. Nos anima a hallar energía para resolver problemas, es esencial para regular el metabolismo, la cognición, nuestro comportamiento e incluso nuestro estado de ánimo.
No podemos olvidar a su vez que tal y como nos revela un estudio de la Universidad de Dublín y publicado en la revista Neurosciencie Biobehaviour, la dopamina es clave para promover la sexualidad, el deseo, los procesos de seducción…
Es imposible concebir lo que somos sin este particular y poderoso compuesto biológico…
El sistema de recompensa: la vía dopaminérgica mesolímbica
Aquí tenemos las neuronas que se proyectan hacia las diferentes áreas del sistema límbico, como el núcleo accumbens. El sistema límbico es el principal encargado de los procesos emocionales de nuestro cerebro. Aquí la dopamina cumple importantes funciones en diversos comportamientos emocionales.
Una de esas funciones es la gestión del sistema de recompensa del cerebro. Así, tal y como nos revela un estudio de la Universidad de Connecticut, y publicado en la revista Neuron, cuando realizamos acciones que nuestro cuerpo valora como beneficiosas, se libera dopamina en esta vía.
Es entonces cuando se crea una sensación subjetiva de placer que nos lleva a repetir dichas conductas. Estas conductas van desde las biológicamente programadas, como saciar el hambre o sed, hasta las que son puramente sociales y aprendidas.
(Fuente: La Mente es Maravillosa)



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