Espiritualidad y salud mental, ¿opuestos o aliados?



Muchas escuelas psicológicas han intentado marginar lo espiritual durante décadas, pero los datos de los estudios son tozudos.

En el año 1946, la OMS (Organización Mundial de la Salud), definió así el concepto de salud: “La salud es el estado de completo bienestar físico, mental y social y no solo la ausencia de enfermedad y minusvalía”. La definición de la OMS de la salud como salud física, psicológica y como bienestar social fue incompleta, dado que no se ocupaba de la espiritualidad de las personas.

Las tendencias antiespirituales en psiquiatría tienen muchas raíces, incluyendo supuestos cuestionables del psicoanálisis freudiano, el conductismo, y el abiertamente reduccionismo simplista de los materialistas. Pero, la mayoría de las poblaciones del mundo creen en la religión o en la espiritualidad.

Así, por ejemplo, una investigación del Centro Médico de la Universidad de Rush, en Estados Unidos, publicada en el 2010 en la revista Journal of Clinical Psychology, señaló que las personas que creen en la presencia de un ser superior o viven una espiritualidad, tienen un 50% menos de posibilidades de deprimirse.


Según los especialistas, “la espiritualidad te ayuda en la salud mental, porque si se vive a conciencia, te llena de valores como amor, perdón, agradecimiento, esperanza, paz, fortaleza. Te ayuda a ser más sano emocionalmente. También te da más salud interpersonal, porque, si realmente se vive eso, la persona está mejor consigo misma, pero también tendrá mayor tolerancia, respeto y amor a los demás, con lo que la salud de una familia o grupo social mejora”. 

Un estudio reciente realizado en la Universidad de Missouri, examinó los resultados de tres encuestas en las que se preguntaron a budistas, católicos, judíos, musulmanes y protestantes sobre sus personalidades, niveles de espiritualidad y su salud física y mental. Entre las personas de las cinco religiones, se asoció un mayor grado de espiritualidad con una mejor salud mental, específicamente con niveles más bajos de neurosis (que implica inestabilidad emocional, estados de ansiedad, tensión y preocupación, así como tendencia a sentimientos de culpabilidad), y una mayor extraversión, en la que la atención y la energía se enfocan en el ambiente y las relaciones sociales.

Según las conclusiones de este estudio, la espiritualidad ayuda a la salud mental de las personas, reduce el grado de egocentrismo, desarrolla el sentido de pertenencia a un todo más amplio y a una mayor conciencia de unidad y conexión con el resto del universo.


(Fuente: Aleteia.org)

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