NEP / sábado 13 de julio de 2019 – Por: Alfredo Mambié
Completamente diferente a la rosa que tradicionalmente conocemos, esta exótica planta goza de una propiedad muy particular: posee la capacidad de resucitar o “volver a la vida”.
La Rosa de Jericó habita en los antiguos desiertos de Alejandría en Egipto y en los afluentes del Mar Rojo. Por largos periodos de tiempo esta particular planta, que es capaz de vivir en regiones desérticas, crece y se reproduce hasta que el ambiente se vuelve desfavorable. En ese momento sus flores y hojas secas se caen, las raíces se desatan y sus ramas secas se entrelazan, formando literalmente una “pelota” que permite que una ráfaga de fuerte viento la lleve rodando a la deriva.
Las Rosas de Jericó pueden ser transportadas por largos kilómetros, viviendo secas por muchos años, sin nada de agua, hasta que encuentran un lugar húmedo. Cuando esto sucede, hunden sus raíces en la tierra y se abren, volviendo a florecer cuando la época de lluvia inicia.
La Rosa de Jericó se encuentra en Oriente Medio y en América Central también. Es posible comprarla seca y luego, al ponerla en un recipiente adecuado con un poco de agua, verla florecer en nuestra propia casa.
La Rosa de Jericó es llamada también flor de la resurrección, porque según lo que afirman algunos observadores, esta flor presenta la curiosa propiedad de morir para luego volver a florecer. Teniendo la particularidad de reconocer de antemano el cambio climático, de muy seco a lluvioso, adaptándose plenamente a su entorno. Una cualidad muy provechosa y digna de tomar en cuenta por nosotros los seres humanos, en momentos de crisis, desolación y dura adversidad.
Pueden disfrutar de este video, cortesía de Creaciones Maritza A. Sánchez Ravenna, enviado por Luis Eduardo González R. apreciado lector de nuestro chat en WhatsApp, cuyo contenido compartido nos inspiró a redactar esta nota.




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