Niños asertivos, niños felices


Felicidad no es tener muchos juguetes ni recibir un "sí" ante cada demanda. La felicidad llega con la satisfacción, la autoestima y un buen autoconcepto. Por eso los niños asertivos son más seguros, alegres y capaces de relacionarse de manera más competente.

Los niños asertivos son niños más felices. Lo son porque aprenden a comunicar sus deseos, porque se alzan como personas capaces de poner límites, mejorando así en su desempeño social. Ahora bien, tengamos una facilidad mayor o menor, esta competencia no viene de “fábrica”, somos nosotros quienes podemos/debemos ayudar a los más pequeños a desarrollar esta habilidad.

Podríamos decir, casi sin equivocarnos, que, en ocasiones, descuidamos aquello que los niños necesitan verdaderamente. Elegimos metas como buscarles el mejor colegio, facilitarles clases de inglés, profesores de apoyo en esas áreas en que no van bien, nos preocupamos por el tipo de amistades que tienen y por aspectos como regular el uso que hacen de los dispositivos electrónicos.

Todo ello está muy bien. Sin embargo, ¿qué hay de sus competencias emocionales? ¿Y de sus habilidades sociales? A veces, damos por sentado que dimensiones, como la autoestima, la asertividad e incluso el autoconcepto, vienen ya en su código genético y se van conformando poco a poco de la misma manera que crecen los .

Ahora bien, no debemos equivocarnos. Esas dimensiones deben nutrirse a diario, atenderse y aplicar una guía delicada, intuitiva y firme para que los niños adquieran destrezas en esos ámbitos básicos para la vida, la felicidad y el bienestar psicológico. Profundicemos en esta ocasión en esa valía imprescindible: la asertividad.


Niños asertivos, ¿cómo educarlos?

Para dar al mundo niños asertivos se necesita paciencia y acierto. A menudo, muchos padres, madres y también educadores se quejan de tener dos tipos niños o niñas. Están los que discuten tanto como respiran. Son los que siempre están frustrados y enfurruñados porque asumen que casi todos están en su contra; porque no pueden hacer o tener aquello que desean en un momento dado.

Así, y en el otro lado, están quienes se caracterizan por esa hermética pasividad donde no decir nunca lo que sienten, los que no reclaman. Son esos pequeños que a menudo suelen ser el blanco fácil en las dinámicas del bullying escolar. La falta de asertividad deriva a menudo en dos polos muy extremos: la pasividad o la agresividad. Ninguna de estas dimensiones trae sin duda buenas consecuencias.

Ser capaces de dar al mundo niños asertivos es un modo de invertir en su felicidad. Aún más, tal y como nos explican desde estudios como el publicado Gertrude E. Chitten en la revista Society for Research in Child Development, estaremos invirtiendo en crear una sociedad más respetuosa


(Fuente: La Mente es Maravillosa)

Publicar un comentario

0 Comentarios