Más allá de los mitos que los encasillan como actividades elitistas y poco accesibles, los deportes hípicos ganan terreno en la región, donde ya existe una docena de escuelas que entrenan a niños y adultos para que monten a caballo. La profesora Verónica Malberti, con gran trayectoria en competencias, recomendó la disciplina tanto por su valor deportivo como por sus ventajas recreativas.
El vínculo de Verónica con los caballos parecía estar escrito desde su nacimiento. Como sus padres y sus abuelos ya se dedicaban a la disciplina en Buenos Aires, a los cuatro años le regalaron su primer petiso y forjó un vínculo indisoluble con el mundo equino. “32 años después, sigo dedicada a full a la actividad”, afirma la profesora en un descanso entre las clases que dicta en el Club Hípico del Rincón Club de Campo.
Cuando llegó a Neuquén, hace diez años, introdujo el adiestramiento o dressage, una actividad poco conocida en la zona, donde el principal deporte hípico era el salto. En esta práctica, se compite en la categoría Freestyle, donde los caballos parecen bailar al ritmo de la música. Sus patas gráciles se levantan en simpáticos movimientos y sus crines se agitan según el son, controlados por un diestro jinete.
Fuente: (lmneuquen.com)



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