Su fértil tierra inspira a sus residentes a iniciar interesantes y deliciosos emprendimientos que la convierten en exquisito destino turístico.
La verde vegetación de los estados Carabobo y Yaracuy se entre mezclan, mientras nos acercamos cada vez más a San Felipe a través de la autopista Centro Occidental Cimarron-Andresote. Las gigantescas imágenes religiosas de ángeles y santos católicos, que se encuentran a la orilla de la vía nos dan la bienvenida a una tierra de enigmáticas montañas que conservan durante todo el año las diferentes tonalidades de verdes, como estampas sacadas de los cuadros de reconocidos pintores paisajistas de Venezuela. Mientras nos trasladamos por la vía aprovechamos de respirar ese aire fresco tan típico del campo venezolano en el que se mezcla el olor de tierra húmeda y el mastranto. La presencia de vendedores de flores exóticas como riqui riqui, aves del paraíso y bastón del emperador, a ambos lados de la carretera, anuncian que ya estamos cerca de la capital yaracuyana.
Para el visitante que tiene tiempo sin recorrer las calles de San Felipe, es una sorpresa pasar por sus estrechas calles y palpar su desarrollo comercial, al igual que encontrarse con las amplias instalaciones deportivas utilizadas para los juegos nacionales de 1997; un aporte arquitectónico del entonces gobernador Eduardo Lapi.
La razón de nuestra visita, además de ser para saludar a familiares, fue conocer de cerca una serie de exitosos proyectos liderados por jóvenes yaracuyanos en el que destacan su arte culinario, su creatividad en la manufactura de ropa y en el desarrollo de planes agrícolas, que están sonando en todo el país, dando crédito a la inventiva que caracteriza a los venezolanos.
Una de esas iniciativas que cada año gana más auge y reconocimiento a nivel nacional, por el impulso y la fuerza que le han imprimido sus organizadores, es la Ruta Gastronómica del Estado Yaracuy, que ya ha llegado a su tercer aniversario, convirtiéndose en la vitrina de los platos autóctonos y la creatividad de sus cocineros al fusionar sus ingredientes buscando ofrecer sabores deliciosos en sus comidas.
Parte de ese proyecto de renombre es El Tibón, un restaurante familiar especializado en carnes, acompañadas de exquisiteces elaboradas con maiz como la cachapa, las tortas y los tequeños. La atención esmerada de sus propietarios, el ambiente ameno y la calidad de sus cortes con un sabor único que sorprende al comensal, lo convierten en una excelente opción para desayunar, almorzar o cenar. Cuando visitamos un restaurante de carnes, siempre buscamos un producto suave, fresco, con un sabor muy autentico, pero lo que me impactó del solomo que escogí en el Tibón fue el sabor a ahumado con un toque cítrico. Su propietario y cocinero Wilmer Rodríguez nos develó el secreto que hace de este plato diferente. "La leña que usamos para asar la carne es del árbol de la naranja. En esta zona habían muchos sembradíos de esta fruta que han sido abandonados y tenemos acceso a adquirirla para darle un mejor uso. Por esa razón la carne, tiene ese sabor y aroma tan especial", indicó Rodríguez.
(Fuente: El Universal)



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