Nuestras conexiones afectivas son tan vitales como hacer ejercicio, comer sano o no fumar.
Hoy en día, cuando hablamos de cuidar nuestra salud, pensamos en hacer ejercicio más a menudo, comenzar una dieta sana, o dejar los malos hábitos como el tabaco. Incluso, en plena proliferación del universo wellness y las terapias alternativas, actividades como el yoga nos presentan una forma de bienestar basada en el cuidado y el conocimiento de uno mismo.
Pero hay otro aspecto que resulta decisivo para nuestra calidad de vida, para nuestra salud física y mental: nuestras relaciones sociales y afectivas. Pasar tiempo de calidad con las personas que nos importan e intimar con ellas a menudo no solo mejora la salud de nuestra mente y mundo interior, sino que resulta crucial para nuestro bienestar físico, según revelan diversos estudios científicos.
Un experimento iniciado en 1938
El ser humano, como ser social, necesita dar y recibir el amor, el calor y la energía de otras personas. Y esto es lo que una reciente e interesante investigación realizada por psiquiatras de la Universidad de Harvard, que comenzaron a investigar en 1938, ha concluido ahora: nuestras relaciones afectivas, sanas y de calidad nos ayudan a vivir más, mejor y a ser más felices.
Los expertos hicieron un seguimiento exhaustivo en la vida de varias personas y de la trayectoria de su salud, incluidos sus éxitos y fracasos, tanto en la vida profesional como en la personal. Mientras que algunos de los participantes se convirtieron en grandes empresarios, exitosos médicos o abogados, otros terminaron siendo alcohólicos o sufriendo otros problemas mentales. Y es que -y esta es, quizá, la parte más interesante de la investigación- al parecer, podemos llegar no solo a la plenitud y al bienestar emocional, sino también al bienestar físico.
Frente a esto, el psiquiatra Sergio Oliveros , afirma que nuestro encaje en el engranaje social determina en gran parte nuestro nivel de bienestar. “La soledad no deseada se asocia a la morbilidad física; la compañía del otro, la risa, la caricia, el sexo... todo eso disminuye las hormonas del estrés, aumenta la actividad de la oxitocina y reduce el estrés oxidativo”, apunta. “Es lógico que su ausencia aumente la tensión arterial, los infartos o el cáncer”, continúa.
(Fuente: lavanguardia.com)



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