«Cualquier chica puede ser glamurosa. Todo lo que tienes que hacer es quedarte quieta y parecer estúpida», decía Hedy Lamarr. A la actriz estadounidense le sobraba belleza y no tenía ni un gramo de estupidez. Posiblemente su glamour eclipsó a la ingeniera de telecomunicaciones que también era, pero no la aniquiló. De su mente surgió la «técnica de transmisión en el espectro ensanchado», un sistema de comunicaciones en el que se basan todas las tecnologías inalámbricas que empleamos en la actualidad. Como ella, otras muchas mujeres han aportado grandes inventos que nos han transformado la vida pero cuya autoría no siempre ha sido bien reconocida. El libro «Supermujeres, superinventoras» (Lunwerg), escrito y hermosamente ilustrado por Sandra Uve, recoge las historias de más de 90 de esas pioneras. Aquí contamos algunas de las más llamativas, cuyas protagonistas, como Lamarr, decidieron no quedarse quietas.
Ada Lovelace, la primera programadora informática
¿Quién dijo que la informática es cosa de hombres? ¿Por qué hay tan pocas chicas matriculadas en las carreras técnicas? Es difícil responder cuando, precisamente, una mujer fue la primera programadora informática de la Historia. Se llamaba Ada Lovelace (Reino Unido, 1815-1852), matemática y poeta, hija del famoso Lord Byaron. En sus Notas de 1834 sobre la máquina analítica de Charles Babage se halla el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina. En 1979, el Departamento de Defensa de EE.UU. bautizó con su nombre, ADA, un lenguaje de programación.
(Fuente: ABC)


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